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BRUMA ” LAS ENCEBRAS”

BRUMA ” LAS ENCEBRAS”

Catas , Novedades , Vinos y bodegas 🕔noviembre 15, 2017 0 comments

LAS ENCEBRAS

Crece “la bruma “.  La bruma aparece invade Las Encebras.  Este año tenemos la suerte de asistir a la consolidación y crecimiento del proyecto Bruma del Estrecho, de viña Elena. La familia de vinos de paraje y de parcela, sigue avanzando. El dar el protagonismo al viñedo y a la variedad, dando a las cosas su tiempo, con un trabajo honesto, sigue dando sus frutos.

Esta nueva parcela, que se une a la familia, se encuentra ubicada en la pedanía,  la cual da nombre a este nuevo proyecto. Nos encontramos en el SE de Jumilla, cerca del la Sierra del Carche, son pequeños caseríos diseminados dedicados a la agricultura.

En esta labor divulgativa nuestra, hoy queremos buscar el trasfondo histórico, donde se ubica todo este nuevo proyecto de Isio y de Elena. La historia de nuestro entorno nos hace singulares y marca nuestros futuros pasos.

 

Los restos más antiguos que constatan a esta comarca, corresponden a una villa Romana del s.III a.C. cuando Jumilla pasa a formar parte del Imperio Romano, sus tierras son divididas y repartidas entre los legionarios. Sobre el s.VIII  formara parte de la Cara de Tudmir, establecida por los musulmanes en Murcia y donde sus habitantes vuelven a ocupar las antiguas villas romanas. Hacia el s. XIII Jumilla pasa al reino de Castilla, se crea la Mesta. Y la cabaña trashumante cobra también importancia en esta comarca.

De la Edad Media, se tiene constancia de un équido, que hasta el s. XIV era abundante en la Iberia mediterránea, se le conocía como” encebra “, la abundancia de este animal en la zona, le daría el nombre al paraje. Eran herbívoros y de carne muy apreciada, siglos después sus poblaciones se vieron esquilmadas, por la caza y por destrucción de sus hábitats, en competencia con las actividades ganaderas.

Sobre el s.XV  Jumilla pasa a ser parte del señorío de Juan Pacheco, marqués de Villena, que desarrollan en la zona la agricultura y la ganadería. La población se traslada a los campos, las Encebras se situaba en medio de una Vereda Real, en esta época se produjo un gran progreso en la zona debido en medida al cultivo de la vid, esparto y de la almendra.

Volviendo a Encebras 2016, es el fruto del tesón de nuestros buenos amigos Elena Pacheco  e Isio Ramos, hace ya algún tiempo , hablando con ellos , no ocultaban su interés por darle algo de color a la familia de vinos de Bruma, hasta ahora todos tintos y de variedad Monastrell, así como  la Cabernet del fantástico Calvario.

Ahora es la variedad Airén,  de gran influencia en esta zona debido a su proximidad con la Mancha, donde es mayoritaria, es esta uva la que encontramos en una nueva parcela, situada en estos parajes de la Encebra, cercana a la bodega y también dentro del Estrecho de Marín.

Así ahora y para esta añada tendremos los dos mismos vinos de paraje,  que ya están listos, Marín y Las Chozas y además ahora la familia de parcelas la compondrán; Encebras, Navajuelos, Vereda, Particiones y Mandiles.

Con este blanco y su manera de criarlo, desde el principio, con una elaboración tan particular, minuciosa y complicada, se podía intuir que iba a ser algo muy especial, algo diferente, mucha esencia, carácter e identidad, se veía venir.  Ya meses atrás cuando hablaba con Isio y me contaba las cosas que les iban sucediendo, incluso  los primeros embriones que vimos de esta elaboración, eran algo que a los aficionados, nos dejaba asombrado.  A veces ellos mismos mostraban preocupación por lo que estaba evolucionando y al mismo tiempo alegría porque el resultado les sorprendía.

  

Cuando la primera vez que lo olí de una prueba quede atónito de las fragancias, no eran olores, eran perfumes lo que te llegaba a la nariz, estaba impaciente por ver su evolución final y poder descorcharlo en mi casa tranquilamente.

Y por fin llego a mis manos esta botella de Encebras, un bruma mas pensé, un tapón diferente, más a las últimas tendencias del lacre, la botella similar a las anteriores, ahora en un tono ámbar y la etiqueta dándonos esa preciosa vista de la parcela. Pero el corcho dio paso a una explosión para los sentidos.

El primer olor que me vino desde la botella, me dejo estático, no tarde un segundo más en llenar mi copa de…. oro, un vino anaranjado, un vino natural un bio wine, todos esos términos se me pasaron por la cabeza, que seria. Pero al olerlo en copa, comenzó el viaje, una vuelta atrás un “dejavu”, esos olores a vinos de antiguamente, a esas bodegas de las casas viejas, que tu abuelo no te dejaba pasar cuando eras un crio, por si caías en una tinaja o en una balsa.

Esos recuerdos y el no quitarle el ojo a ese color casi naranja, solo te invitaran a conocer lo que esconde esta copa, el primer sorbo de despierta la boca, no es lo que estamos acostumbrados a beber.

Me quería imaginar con que maridaría este vino, el abanico se me hacía cada vez más grande, a cada trago me lo imaginaba con infinidad de platos, que maravillas de toques de amargores de vinos en esencia pura.

Solo se puede despedir uno con una frase; Gracias Elena, gracias Isio, por este trabajo y que sigaís dándonos estas alegrias.

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